
Comienza su disertación rechazando la idea generalizada de un Duchamp influenciado por el movimiento futurista. “Desnudo bajando la escalera”, pintura precedente al gran vidrio y sus incursiones dadá, parece futurista pero en el fondo, es una crítica a este. A pesar que la figura se desliza dejando la estela de su paso a través del cuadro, su idea no es de dinamismo o velocidad sino de estatismo. Tampoco la alegoría de una figura metalizada constituye una exaltación a las bondades de la máquina o el progreso. El “Desnudo bajando la escalera” lleva desde esas fechas el elemento dadá por excelencia, la ironía.
Es dudoso si el desnudo de Duchamp retrata a un hombre o a una mujer, inclusive es una interrogante saber si es humano. Igualmente, la novia del gran vidrio, no es una dama de velo y corona, es una máquina gigante. Sus pretendientes, son 9 trajes colgados al inicio de lo que parece ser el inicio de un engranaje que desencadena un proceso serial.
La mujer como máquina
Muchas son las teorías y análisis que se desarrollan en torno al Gran Vidrio y su simbolismo. Según Paz, uno de sus estudiosos, la obra es una disertación sobre las relaciones entre géneros y sus respectivos roles. La ironía proviene de representar a los seres humanos como máquinas y establecer un símil entre la sexualidad y la mecanización. A pesar de contar con una serie de características que nos diferencian de los aparatos, el comportamiento parece ser regido por la impronta de las convenciones sociales y es imposible deshacerse de ellas, convirtiéndonos en máquinas imperfectas. En esta dinámica del Gran Vidrio, se establece a la mujer como ser autosuficiente (activo) y al hombre como elemento dependiente (pasivo). Aunque a simple vista pudiera esta interpretación relacionarse con un sexo femenino en una posición ventajosa, Paz advierte que “la novia” se encuentra aislada e intocable. Es un objeto de deseo inalcanzable que desencadena el anhelo de sus pretendientes. Estos interactúan sin llegar a tocarse siquiera, constituyendo una metáfora de la represión sexual predominante a principios de siglo y donde el arte se vio influenciado por el boom del psicoanálisis que versaba en gran parte sobre los prejuicios en torno al erotismo.
Paz concluye que El Gran Vidrio lleva implícito vasto pesimismo, pero curiosamente y de forma muy neutral y lúcida, no lo descarga culpando a la figura femenina sino a lo complejas que pueden llegar las relaciones humanas en general. El epílogo del título de su cuadro reza “definitivamente inacabado en 1923”, para reafirmar el carácter irónico y porque en el dadá, el titular una obra era tan importante como realizarla. Sin embargo, la frase ilustra con eficiencia la vigencia que sus posibles disertaciones aún tienen hoy día.
Photoshop esculpido
El dadá se ocupó de inutilizar los objetos (en el caso de Bellmer, al cuerpo humano) en función de la burla a lo convencional y la revisión de los emblemas en torno a los cuales la sociedad construye una visión cómoda, satisfactoria y segura.
La inclusión de la figura femenina como tema parece provenir de su condición periférica que la excluye de la oficialidad. Feminizar lo irrefutablemente masculino, constituye el parámetro de una ácida crítica hacia lo incuestionable.