
Mashimaro, es una de las miles de animaciones con la particular estética colorida del Flash que pululan hoy día en internet. Es un conejo gordo y blanco de manufactura coreana, que según algunas fuentes, ostenta el fenotipo de un marsmello. Sin embargo, no hay que dejarse engañar por su amigable apariencia de peluche abrazable; Mashimaro es un verdadero engendro. Tramposo, irreverente, aprovechado y sin escrúpulos, da la impresión que Tío Conejo optó por una cirugía plástica y se exilió en el continente asiático.
Poca o ninguna coherencia hay en los sucesos ocurridos durante el minuto que duran sus aventuras, pero tal vez lo más llamativo de la personalidad transgresora de Mashimaro es su enfático gusto por lo escatológico. Este primo lejano de los tradicionales bichitos corrongos japoneses escupe, defeca y orina su nombre, por eso no es de extrañar que aparte de unas poderosas flatulencias, su gran arma secreta sea un destaqueador de inodoros.
En la línea de Happy Three Friends, juega con el contraste entre lo tierno y lo socialmente "incorrecto". A propósito de MTV, sus cortos harían un digno intermedio para South Park o Jackass, porque al igual que estas dos últimas venera el nada comercialmente despreciable y explotado mundo de los excrementos. Curiosamente, por esta razón, es algo más que aceptable entre el público masculino, especialmente entre adolescentes. Mashimaro es una mercancía apatecible para hombres que desean algo primoroso pero libre de la posibilidad de ser considerado cursi.