En el apartado de personajes sufridos está Frida Kahlo. Sus dolencias físicas no son ningún secreto, están en todos sus autoretratos donde se representa a sí misma postrada en una cama, convaleciente o en una situación de dolor. Por supuesto, y para regocijo de Julie Taymor y Salma Hayek, en la Kahlo había suficiente tormento e infortunio como para alimentar el morbo de unas 20 películas. Tal vez por esa razón y para no caer en un biopic medio gore, ellas se inclinan por maquillar el dolor de forma bella. Al situarse mayormente en México, opta por paisajes coloridos y escenarios muy étnicos. No cabe duda que es un recurso interesante. Indudablemente la fotografía y el cierto efectismo de algunas escenas son llamativos, siendo las recreaciones de los cuadros lo mejor de la película. Sin embargo, abusa enormemente de esto e incurre en una idealización extrema. Alguna vez alguien dijo que Salma Hayek era la Frida de Revlon.
La principal crítica a "Frida" es que si bien cuando se habla de artistas hombres la tendencia es a retratarlos como borrachos y mujeriegos, en las mujeres todo parece inclinarse hacia el lado telenovelesco. Aquí se representa a Frida Kahlo en función y sólo en función de Diego Rivera y se relegan a un segundo plano sus abiertamente declaradas filiaciones políticas, su activismo y luchas pro-nacionalistas.
Más terrible que cualquier accidente de autobús, amputación o invalidez, es el espantoso espanglish en que habla la protagonista como para convencer al público estadounidense que realmente se narra la vida de una mujer mexicana.
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