
En el cine Variedades, una actividad religiosa se llevaba a cabo un sábado en la mañana. De la puerta principal, sale una mujer y me grita: -¡Oiga muchacha! ¡Entre para que pueda cambiar su vida!-
La ignoro y sigo mi camino. Un par de cuadras después y con algo de efecto retardado, pienso coléricamente para mis adentros -¿Y quién dice que yo quiero cambiar mi vida?… ¡Maldita vieja!!!-
Esa forma tan particular y nociva de comunicar un mensaje no es exclusividad de los fanáticos religiosos. En ella están contenidos el vegetariano que nos profetiza quinientas enfermedades diferentes y un espíritu maligno si nos ve masticando una chuleta o el activista ambiental que sermonea a un dependiente por echarle sus compras en una bolsa plástica. Todos ellos de una forma u otra nos dicen “cambie su vida”, y de rebote, “sea como yo”. Indistintamente de si su mensaje es errado o veraz: ¡Cuánta prepotencia!
De los movimientos y gremios desgraciadamente siempre vemos lo peor o lo que es lo mismo, lo que menos los representa. El activista serio, trabaja por su causa de manera firme pero respetuosa. Jamás saldrá a la calle armado de palabras hirientes acometiendo contra todos los pobres que tengan la desdicha de cruzarse en su camino, exigiéndoles torpemente “cambiar de vida”. Probablemente usará métodos más considerados. Es por esa razón, que rara vez sabremos de él. Como en un aula de niños, la atención siempre se centra en el más revoltoso y no en el que mejor se porta.
El feminismo, no tiene en su definición, nada del otro mundo. Es aquel movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres. Hasta hoy, la igualdad, sigue siendo una premisa muy válida. Sin embargo, también ha sido el estandarte que encabeza una serie de tergiversaciones y protestas injustificadas. Tal vez el caso más patético, la reciente aprobación de la "Ley de penalización de violencia doméstica", que encima de inútil para resolver el problema que denuncia, parece confirmar el estereotipo de sexo débil achacado a las mujeres, porque al parecer, legalmente, ellas necesitan trato preferencial.
Los mensajes relacionados a este tema, que pudieran aparecer una que otra vez dentro de este blog, de ninguna forma pretenden ser un regaño o reclamo. Tampoco serán una condenatoria exhortación a cambiar de vida. Serán meras disertaciones, con la única justificación de abrir una puerta a la comprensión de algunas experiencias de tipo personal y en general, a las vicisitudes de muchas mujeres que no se ajustan a patrones convencionales. El objetivo es juntar ideas para proyectos artísticos futuros.
Más allá de los estigmas que carga cada género, lo idóneo sería poder, como seres humanos, decantarnos por lo que más nos agrade sin tener que cuestionar si aquello es inherente al azar del sexo que nos tocó. Sin embargo, hasta que el género deje de ser una incomodidad que condicione nuestros comportamientos y estilo de vida, la búsqueda de esa igualdad seguirá siendo necesaria y la forma de aprehenderla será la educación y la perspicacia de no tolerar con resignación todo lo socialmente aceptable. Es en este sentido, que deseo abordar en el futuro, tan escabroso tema.
Este es un mensaje patrocinado por la ASFEVEG, donaciones BCR 198634-6, BNCR 20715-1.